Leo tu negocio, propongo qué se publica, cómo y cuándo, y escribo las piezas que mueven la venta. Las decisiones son tuyas.
Trabajo con IA en todo el proceso y no lo escondo. Lo que la IA no trae es el criterio para decidir qué va dentro. Te cuento cómo.
cuéntame tu negocio →Leo tus datos, tu mercado y a tu equipo, y te propongo qué toca, en qué orden y por qué. El plan de cada canal, el calendario del año y qué se mide. La última palabra es tuya.
Las secuencias de email, las páginas de venta, de registro y de upsell, y los guiones de anuncios. Y dirijo al resto de tu equipo para que lo demás salga en hora.
«Destacaría su capacidad para cumplir plazos y que siempre está enfocado a resultados. Aporta más que la parte de copy: una parte que suma, más analítica, de visión global.»

No cómo se escribe. Ni quién lo escribe.
Quién decide qué sale, por qué ese y no otro, y cuándo.
Casi nadie contesta a la primera. Y la respuesta honesta, cuando llega, suele ser que no lo decide nadie: lo decide lo que había en el calendario, lo que le apeteció al equipo esa semana o una lista de temas que alguien le pidió a ChatGPT un martes.
No hay nadie al mando de tu comunicación.
Tienes quien escribe, quien edita, quien publica y quien lleva los anuncios. Lo que no tienes es a alguien que decida qué, cómo y cuándo, y que responda de las tres cosas a la vez. Ese hueco se nota de tres maneras:
Lo que mejor te funciona está ahí escrito, y sigues publicando otra cosa.
Tienes claro el mensaje. Lo que no consigues es contarlo de forma que un desconocido pague por ello.
Meses de mucho y meses de nada, sin un calendario que diga por qué toca esto ahora y aquello después.
Casi siempre es una de las tres. A veces son las tres.
Un lunes cualquiera del mes doce, todo el mundo sabe lo que hay que hacer esa semana.
Hay un calendario por canal: email, redes, YouTube, anuncios. Y cada cosa que sale está ahí por un motivo que alguien puede explicar.
Tú dejas de pensar en marketing y te dedicas a lo tuyo, sabiendo que hay alguien que se ocupa de que lo demás esté en orden. Y tu equipo deja de preguntar qué toca: cada uno sabe cuál es su papel, y el conjunto suena a lo mismo.
Una cifra. Lo que sí te garantizo es que en doce meses vas a saber por qué haces cada cosa que haces.
El último que planteé fue para un SaaS de contenido con IA: una pieza grande al mes, fuera lanzamiento, reto o webinar; los emails, el WhatsApp, las landings y las diapositivas que la acompañan; y, en paralelo, embudos evergreen y afiliación, en el orden que fuéramos decidiendo.
El arranque no empieza preguntándote. Empieza enseñándote dos o tres cosas que ya he visto en tu negocio antes de hablar contigo.
Hay cinco sitios de donde sacar lo que hace falta, y solo uno de ellos eres tú.
Tu negocio, tu producto, tu historia, tus límites y adónde quieres llegar. Esto sí se pregunta, y de paso te leo cómo hablas.
Esto no se pregunta: se pide. Accesos y exportaciones.
Una conversación corta con cada pieza: quién decide qué, qué está atascado, qué se dejó a medias.
Tu competencia y una investigación a fondo de tu cliente, con método propio.
Sus testimonios, sus palabras y sus objeciones reales.
De ahí sale un documento que habla de ti: lo que hemos visto, lo que funciona y no estás haciendo, y el orden en que hay que tocarlo. Te lo presento en una sesión, porque es ahí donde te escucho antes de escribir nada.
¿Y si no tienes datos que leer, porque hasta ahora has vendido sin medir casi nada? Entonces esa primera fase decide qué se mide desde el día uno y construye el punto de partida.
El qué lo mandan tus datos. El cómo lo mandas tú.
Lo que se publica no se decide por gusto: lo dice el rendimiento. Cómo suena es tuyo y no se toca: tu voz, tu historia y tu forma de decir las cosas. Si algo no te suena a ti, se trabaja la forma de decirlo, las veces que haga falta.
El informe de ángulos, las tareas, los briefings, las correcciones, los plazos y una checklist que van marcando. Reviso su trabajo con feedback y cambios definidos.
Decisiones masticadas, con la información que necesitas para decidir. Las correcciones no las ves nunca: solo la versión final, con tus cambios aplicados.
Fija, corta y siempre.
Qué he hecho, qué voy a hacer y qué necesito de ti.
Trabajo en horario laboral de Paraguay y respondo en menos de 24 horas, que cubre el desfase con España.
Trabajo con inteligencia artificial en todo el proceso. La IA ejecuta lo que le digo, pasa su propio control de calidad, luego el mío, y vuelve a pasar el suyo.
Sin la IA no podría prestarte este servicio. Sin mí, la IA no tiene el criterio para prestártelo.
Un ejemplo. A un cliente le puse su propia IA a auditar su contenido.
Para CRECE, una agencia de publicidad, escribo los anuncios de sus clientes. Antes de escribir una línea, transcribo palabra por palabra los anuncios que ya ganaron y separo lo que viaja de lo que no.
Los emails te dicen qué funciona con quien ya te conoce. Los anuncios te dicen qué detiene a un desconocido en frío, con dinero de verdad detrás.
Bien. ¿Qué hacéis con ella, cómo lo hacéis, y lo hacéis todos igual o cada uno va por su cuenta?
Lo que no se copia no es la herramienta ni el sistema de archivos. Es el criterio que decide qué va dentro de cada uno.
Siempre antes un embudo que venda todo el año que un lanzamiento. Sé hacer lanzamientos, y por eso sé lo que cuestan: el pico no sostiene un negocio.
Un producto barato que paga la publicidad y, justo después del pago, una segunda oferta de un clic. A partir de ahí, la escalera hacia lo que de verdad vendes.
Antes de proponértelo, lo he montado para mí: El Desglose y El Diagnóstico, vivos en Hotmart, con su landing, su oferta de un clic y su página de gracias. Míralo por dentro.
Antes del directo, dos piezas de vídeo grandes que cuentan una historia. Para el máster de ciberseguridad de Hackaviss escribí una película de ciberataques que montó su equipo de edición.
Vendió más de 100 plazas a 3.000 €: más de 300.000 € en un solo lanzamiento.
A los cinco años ejerciendo pensé que, si seguía otros cinco, mejor me pegaba un tiro.
Se juntaron dos casos en poco tiempo. Un padre que quería que mintiera en el juicio para pagar menos pensión a su hija pequeña. Y una mujer agredida cuyo agresor pudo salir del país y quedar libre.
En 2018, en Filipinas, conocí en persona al primer nómada digital de mi vida. Volví a Gran Canaria y me puse a estudiar a saco: en 2019 empecé a formarme como copy, en marzo de 2020 tuve mis primeros clientes y hasta 2023 compaginé los juzgados con los lanzamientos.
Del derecho me traje una costumbre que en este oficio casi nadie tiene: leer la letra pequeña del negocio antes de escribir una línea.

Lo que me enseñó a dirigir no fueron los éxitos. Fueron tres fracasos.
Rehíce el embudo de un cliente convencido de que lo mejoraría. Subieron las aperturas y no superó en ventas al anterior. Lo quitaron a los dos meses.
Una buena agencia, que pagaba bien y tenía mucho talento, y un desastre de comunicación y organización. Las dos partes acabamos frustradas. Desde entonces solo entro en equipos que funcionan lo bastante, y con reunión fija.
Entregué anuncios con los ángulos que señalaban los datos. No gustaron: «lenguaje muy técnico». Los rehíce siguiendo sus peticiones al pie de la letra y tampoco. De ahí sale la regla del qué y el cómo.
El no de los 700.000 seguidores
En septiembre de 2026, alguien con 700.000 seguidores quería un webinar en una semana y convertirlo en una máquina de ventas. Le dije que no.
Valoro más mi paz mental y mi organización que meterme a apagar un fuego para que salga mal.
Del dato a la decisión, de la decisión a la pieza y de la pieza al resultado. Tres negocios, contados por ellos.

«Dani ha sido fundamental, él ha llevado toda la parte de copy.»

«Aluciné cómo en tan solo dos reuniones fue capaz de captar mi esencia.»

«Dani, que ha sido uno de los pilares fundamentales que hemos tenido.»
«No solo es copywriter, sino que conoce muy bien los negocios digitales y se nota a la hora de tomar decisiones importantes durante el proceso.»

«Hemos probado todo tipo de […] profesionales en cuanto al copy para hacer nuestros lanzamientos y no conseguíamos ni la experiencia ni los resultados que buscábamos.»

El borde se dibuja por canales, no por piezas. Si un canal está contratado, todo lo que ese canal necesite está dentro: «un email extra» deja de existir.
Los emails (secuencias, newsletter y automatizaciones de evergreen), las páginas (venta, registro, gracias, checkout y upsells) y los guiones de anuncios.
El contenido orgánico, con plantillas para que tu equipo lo produzca. Y el trabajo de terceros, que reviso con feedback y cambios concretos.
La primera fase es una auditoría de tu negocio y se paga aparte. Si ya me la habías contratado, se descuenta entera si empezamos dentro de los treinta días siguientes a la entrega.
Dirijo toda tu comunicación viva y aporto en producto y oferta cuando hace falta. Cada activo nuevo, sea un embudo o un lanzamiento, se presupuesta aparte.
Lo mismo, y además construyo los activos nuevos dentro, con la mano metida en producto y oferta. No es ilimitado: cabe lo que cabe en el calendario de un año.
Entrego en fecha o ese mes no se cobra.
Propongo doce meses sin pedírtelos. Mínimo de noventa días: si a los noventa sientes que no, se deja.
Tus datos, tus números y tus hallazgos, ni como ejemplo anónimo. Y mientras trabajemos, ningún negocio que venda el mismo producto al mismo público.
Depende de los canales que dirija y de si también construyo los activos nuevos. Te lo digo con números en la llamada, cuando haya visto tu caso.
Lo que sí te adelanto: no compito por precio con nadie. Si buscas un copy barato, no soy la opción correcta.
Por leer tu negocio. La primera fase es la auditoría: entrevista, análisis de tus datos, tu equipo, tu mercado y tus clientes, y el informe de arranque, que te presento en una sesión. El reloj arranca cuando tengo el material completo, no cuando pagas.
El primer mes no da resultados: es la exploración, iterar hasta desbloquear caminos y dejar el proyecto en condiciones. Hacia el día 60 empiezan a moverse los números, y cuál se mueve depende de lo que hayamos tocado.
Ese lanzamiento se hace con lo que ya hay, mejorándolo: en un mes no da tiempo a construir narrativa ni activos nuevos. Si está a pocas semanas, lo honesto es la auditoría, no un año de dirección.
No. Lo dirijo y reviso su trabajo: control de calidad sí, autoridad laboral no. Tu equipo sigue siendo tuyo.
No. Escribo y dirijo, y tu equipo monta. No implemento en herramientas ni gestiono la pauta.
Porque no vendo horas. Lo que pagas no es mi tiempo: es que el documento hable de ti y que alguien responda durante el año de lo que se publica.
No. Propongo doce meses, con un mínimo de noventa días. Si a los noventa sientes que no, lo dejamos.
Pulsas el botón y respondes unas preguntas rápidas sobre tu negocio. Lo leo yo y te contesto con un vídeo corto sobre tu caso. Si encaja, hablamos.
Si quieres que lo hablemos, empieza contándome tu negocio.
Unas preguntas rápidas. Te contesto con un vídeo, no con un calendario de llamadas.